Hablar de regiones muchas veces se vuelve una especie de “tema pendiente” en los discursos sobre desarrollo. Se repite la idea de descentralizar, de “sacar Santiago de Chile”, pero pocos comprenden que en lugares como Biobío ya existen capacidades instaladas, talentos consolidados y redes activas que han trabajado silenciosamente durante años. No estamos empezando; estamos creciendo.
Biobío tiene una mezcla única: una base industrial sólida, una red universitaria potente, capital humano calificado y, lo más importante, personas comprometidas con el territorio. El problema no ha sido la falta de ideas, sino la falta de confianza externa. Por mucho tiempo, las decisiones estratégicas han estado demasiado lejos de la realidad local. Pero eso está cambiando.
Hoy, el ecosistema del Biobío se está posicionando como un actor relevante en áreas como la energía, la economía circular, la manufactura avanzada y la innovación social. No es casualidad: es el resultado del trabajo colaborativo de instituciones, emprendimientos, universidades, gobiernos locales y sobre todo, de personas que creen en este territorio y apuestan por él día a día.
Como mujer que forma parte de este ecosistema, he visto cómo se construyen confianzas, cómo se articulan redes, cómo se levantan proyectos con impacto real en las comunidades. También he sido testigo de las dificultades: la burocracia, la centralización de recursos, la competencia en lugar de colaboración. Pero a pesar de eso, aquí estamos. Persistiendo. Avanzando.
Creo firmemente que los ecosistemas regionales no deben replicar a Santiago, deben aprovechar su identidad, su historia y sus propias formas de hacer. En Biobío tenemos todo para ser referentes no solo a nivel nacional, sino también latinoamericano. Pero para lograrlo, necesitamos políticas públicas con enfoque territorial, inversión descentralizada y más visibilidad para lo que ya está ocurriendo aquí.
Biobío no es una promesa; es una realidad que está tomando fuerza. Y si de verdad queremos un Chile más justo, más diverso y más innovador, es hora de mirar hacia el sur, no como un lugar al que hay que “llevar oportunidades”, sino como un territorio que ya las está generando.
Y una pregunta que no podemos dejar de hacernos es: ¿qué podemos hacer desde Concepción para que la región se potencie por completo, y no seamos nosotros quienes terminemos centralizando todo otra vez?

