Economía y Ciencia -carteras encabezadas por Daniel Mas y Ximena Lincolao- concentrarán decisiones claves en CORFO y ANID, pilares en la innovación y emprendimiento en el país.
El inicio del nuevo gobierno instala un eje institucional que será determinante para el desarrollo tecnológico del país: la relación entre el Ministerio de Economía y el Ministerio de Ciencia. En el primero se concentran políticas de productividad, emprendimiento y fomento empresarial, incluyendo la conducción estratégica de la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO). En el segundo se articulan los sistemas de investigación científica y capital humano avanzado, principalmente a través de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID). La combinación de ambas carteras, ahora lideradas por el empresario Daniel Mas y la tecnóloga Ximena Lincolao, anticipa un enfoque donde innovación y crecimiento económico buscarán operar con mayor coordinación.
Ciencia con mirada emprendedora
La llegada de Ximena Lincolao al Ministerio de Ciencia representa un cambio de perfil respecto de gestiones anteriores. Con una trayectoria desarrollada principalmente en Estados Unidos, la nueva ministra proviene del ecosistema tecnológico y de startups, participando en la fundación de empresas vinculadas a tecnología cívica y formación de talento digital, como BuildWithin y Phone2Action.
Su experiencia en ese entorno ha moldeado una visión de la ciencia más conectada con el desarrollo económico y la aplicación tecnológica. La propia Lincolao ha señalado que su participación en el ecosistema de startups estadounidense influyó decisivamente en su manera de entender la innovación, particularmente en la conexión entre investigación, mercado laboral y nuevas tecnologías como la inteligencia artificial.
Ese enfoque podría traducirse en una agenda orientada a fortalecer la transferencia tecnológica, la formación de capital humano en áreas estratégicas y la internacionalización de la ciencia chilena. Diversos analistas interpretan su nombramiento como una señal de que el ministerio buscará acercarse más al mundo productivo, ampliando el impacto económico del conocimiento generado por universidades y centros de investigación.
En este escenario, ANID aparece como un actor central. La agencia administra instrumentos clave como Fondecyt, Becas Chile y programas de investigación aplicada. Uno de los desafíos señalados por la comunidad científica será mejorar la estabilidad de los concursos, simplificar procesos administrativos y asegurar financiamiento sostenido para programas estratégicos.
Economía con foco en inversión y productividad
En paralelo, el Ministerio de Economía queda bajo la conducción de Daniel Mas, empresario con más de tres décadas de experiencia en sectores como construcción, infraestructura, agricultura y servicios financieros. Su trayectoria está fuertemente vinculada al desarrollo regional y a organizaciones gremiales del mundo empresarial, incluyendo la Confederación de la Producción y del Comercio.
Mas asumió además como biministro de Economía y Minería, una señal de que el gobierno busca articular crecimiento económico con desarrollo de industrias estratégicas. Entre sus prioridades iniciales aparece recuperar niveles de inversión y enfrentar la llamada “permisología”, mediante la revisión de cientos de autorizaciones sectoriales que hoy ralentizan proyectos productivos.
Esta agenda tiene implicancias directas para el ecosistema emprendedor. CORFO -dependiente del Ministerio de Economía- administra instrumentos fundamentales para la innovación empresarial, desde capital de riesgo hasta programas de escalamiento tecnológico. Un enfoque pro-inversión podría reforzar programas de aceleración, financiamiento temprano y desarrollo de nuevas industrias exportables.
Un puente necesario entre ANID y CORFO
Uno de los desafíos históricos del sistema chileno de innovación ha sido la débil conexión entre investigación científica y desarrollo productivo. Durante décadas, la política pública ha operado con dos lógicas institucionales relativamente separadas: ciencia financiada principalmente por ANID y emprendimiento tecnológico impulsado por CORFO.
La eventual coordinación entre Lincolao y Mas podría transformar esa relación. Mientras el Ministerio de Ciencia define prioridades tecnológicas -como inteligencia artificial, tecnologías cuánticas o capital humano avanzado—, el Ministerio de Economía dispone de instrumentos para escalar esas capacidades hacia el mercado, desde startups deep-tech hasta industrias emergentes.
Este puente entre investigación y emprendimiento ha sido identificado por distintos estudios como una de las principales debilidades del sistema nacional de innovación. A pesar del aumento sostenido de inversión en ciencia durante las últimas décadas, Chile todavía enfrenta dificultades para convertir conocimiento en productividad y desarrollo industrial.
Continuidades y cambios respecto al ciclo anterior
El nuevo ciclo político también abre comparaciones con la administración anterior. Durante el gobierno previo se impulsaron políticas relevantes en innovación, incluyendo estrategias de hidrógeno verde, programas de atracción de inversión tecnológica y fondos internacionales para industrias emergentes. Proyectos energéticos y tecnológicos llegaron a concentrar miles de millones de dólares en inversión potencial en el país.
Sin embargo, también persistieron desafíos estructurales: fragmentación institucional, baja transferencia tecnológica desde universidades hacia empresas y dificultades regulatorias para nuevos proyectos productivos. En ese contexto, el nuevo equipo económico ha planteado la necesidad de simplificar regulaciones y acelerar inversiones estratégicas.
El desafío de una política de innovación de largo plazo
Más allá de los cambios de gobierno, la política de innovación requiere continuidad. Programas como Startup Chile, StartupLabs, fondos de capital de riesgo público-privados, iniciativas de transferencia tecnológica y redes de investigación internacional dependen de planificación a largo plazo.
En ese sentido, el éxito de la nueva etapa dependerá menos de anuncios puntuales y más de la capacidad de articular políticas coherentes entre ciencia, economía e industria. La convergencia entre ANID y CORFO -históricamente gestionadas con lógicas distintas- podría convertirse en uno de los principales indicadores de la madurez del sistema.
Dos perfiles distintos, un mismo desafío
La composición del nuevo eje económico-científico combina dos trayectorias contrastantes: una tecnóloga con experiencia en el ecosistema global de innovación y un empresario con trayectoria en inversión productiva y desarrollo regional.
Si logran articular esas visiones, el país podría avanzar hacia una política de innovación más integrada, donde la investigación científica no quede aislada del desarrollo productivo y el emprendimiento tecnológico encuentre condiciones para escalar. En ese cruce -entre ciencia aplicada, inversión y emprendimiento- se jugará una parte importante del futuro competitivo de Chile en la próxima década.






